Tres casos que buscan respuestas
Miércoles, 29 de Septiembre de 2010 09:21

 

Se cumplen dos meses del homicidio de un joven de Moraña, un asunto que, junto al asesinato de dos mujeres chinas y la desaparición de Sonia Iglesias, sigue sin resolver.

El pasado jueves se cumplieron dos meses desde que el cuerpo sin vida de un joven de Moraña de 29 años, Enrique Monteagudo “Lucho”, apareciese en la orilla del embalse de A Baxe, en Cuntis, con evidentes signos de violencia. Por el momento, las investigaciones para dar con los autores del crimen siguen sin dar resultado pero no es el único en la comarca que se mantiene dentro de la carpeta de asuntos sin resolver. Los autores del doble crimen de las ciudadanas chinas en Pontevedra siguen en la calle y la investigación por la desaparición de Sonia Iglesias también parece estancada.

Hay ocasiones en las que las investigaciones policiales se frenan en lo que parece un callejón sin salida. Sólo la aparición de una nueva pista o de un testimonio revelador permiten derribar un muro que parece infranqueable. El último caso que parece encontrarse en esta situación es el de la desaparición de Sonia Iglesias Eirín el pasado 18 de agosto. No obstante, en la comarca hay otros dos sucesos que figuran en un apartado destacado en las carpetas policiales de asuntos sin resolver.
El más reciente es el que acabó con la vida de un joven de Moraña de 29 años de edad el pasado mes de julio. El jueves se cumplieron dos meses de la aparición del cadáver Enrique Monteagudo Caldas, más conocido como “Lucho”. Un pescador lo halló cerca del agua al final de una pista que lleva a un bar abandonado en la cola del embalse de A Baxe, en el término municipal de Cuntis. Un lugar relacionado con el trapicheo de drogas. Presentaba evidentes síntomas de haber sufrido una muerte violenta: un fuerte golpe en el cráneo y varias heridas de arma blanca, una de ellas en el cuello. Unas heridas que parecían haber sido realizadas con algo semejante a un punzón. Se cree que la persona o personas que lo atacaron le tendieron una trampa y lo abordaron por detrás cuando llegaba al lugar en su moto.
No se escatimaron medios para buscar pistas que pudieran arrojar luz sobre los autores del crimen y la Policía Científica de la Guardia Civil peinó la zona “palmo a palmo”, incluso desbrozando buena parte del monte cercano al lugar de los hechos. Sin embargo, los indicios encontrados no han permitido realizar ninguna detención, al menos por el momento.
La muerte de Kung Yong y Guang Qu es otro de los sucesos que minó la sensación de seguridad de los pontevedreses. Los cadáveres de estas dos mujeres chinas eran hallados en el piso de contactos en el que vivían y trabajaban en la calle Amado Carballo de Pontevedra. Una de ellas fue encontrada maniatada y amordazada con una cinta americana que le provocó la muerte por asfixia. La segunda se encontró enrollada en una sábana después de haber sido estrangulada.
Hoy se cumple un año y cinco meses de su muerte –que según los forenses se produjo tres días antes de la aparición de los cadáveres– sin que se haya detenido a sus asesinos. De nuevo, se movilizaron todos los medios disponibles, incluidos los agentes de la Unidad Central de Delincuencia Especializada llegados desde Madrid. Se peinó el piso y se recogieron muestras de ADN que, según fuentes policiales, podrían ser la llave para resolver este caso en el futuro.

El de la joven pontevedresa es el más complejo por la falta de pruebas

El tercer caso que sigue a la espera de numerosas respuestas es el de la joven pontevedresa Sonia Iglesias Eirín. Los investigadores creen que se trata de una desaparición “no voluntaria” pero, al contrario de lo sucede con los dos anteriores, aquí no se puede hablar de un crimen. “Por el momento estamos ante una desaparición, nada más. No hay ningún indicio que nos pueda hacer pensar que Sonia está muerta”, insisten en cada comparecencia los responsables policiales o el propio subdelegado del Gobierno.
Este hecho es también el que hace el caso de Sonia mucho más complejo que los dos anteriores. Aquí no hay un cadáver que “hable” de lo que le pudo haber sucedido. Por no haber, parece que no existe ni siquiera un posible móvil para tirar del hilo. En el caso de Enrique Monteagudo la Guardia Civil barajaba la posibilidad de algún tipo de ajuste de cuentas relacionado con el “trapicheo” de drogas a pequeña escala y en el caso de las dos mujeres chinas se habló de una posible intervención de las mafias chinas. Hay muestras de ADN, los objetos que los asesinos emplearon para matarlas...
Sin embargo, al menos en lo que ha trascendido, en el caso de Sonia apenas hay pruebas y todas las investigaciones apuntan a que esta pontevedresa llevaba una vida normal, nada que hiciera pensar en una desaparición forzosa.

Faro de Vigo

 

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